Hoy encontré un extraño personaje. Corría tras de mi, lo mire pensativo, en el fondo se me presento familiar. Extraño, algo tenebroso pero sí, en el fondo familiar. Vestía de negro y con esa apariencia impaciente, un poco ridícula y atolondrada, me siguió durante todo el día. No dejaba de cantar, no dejaba de repetir la misma canción.
“Abre la mano,
se que dentro tienes la llave,
abre tu mano,
tienes la llave que abre tu corazón”.
Llegamos a la estación, de repente en el andén de la estación, se puso a bailar moviendo la cadera, chasqueando sus dedos, tarareando de nuevo aquella canción:
“porque yo se que en el fondo,
en el fondo yo se donde esta la llave que abre tu corazón”
“Sí, porque este amor me tiene prisionero”.
Entramos en el vagón, el baile continuaba. En aquel tren los pasajeros atónitos, no podían entender que era lo que aquel chico de negro le ocurría. Cantando, bailando y girando. Subiéndose a los asientos y gritando:
“Porque dentro de tu mano, dentro esta la llave de tu corazón”
Entonces de di cuenta. Me escuche, yo también estaba cantando con él, Cantaba y bailaba:
“tienes la llave que abre tu corazón,
Sí, porque este amor me tiene prisionero”.
Cuando aquel extraño personaje había conseguido contagiarme por completo, y me encontraba bailando con él, presa de la admiración vi como los pasajeros se movían al ritmo de nuestra canción.
Apareciendo de la nada, un grupo de tres chicas, formaron el coro:
“Sí, porque este amor me tiene prisionero,
Sí, porque este amor me tiene prisionero”.
Entonces te vi entrar dentro del vagón, preciosa, como una visión.
Me acerque a ti y te dije:
“Abre la mano,
se que dentro tienes la llave,
abre tu mano,
tienes la llave que abre tu corazón,
porque dentro escondes la llave
y este amor me tiene prisionero”
Acercaste tu boca a mi oído, y me susurraste:

“Ten cuidado, tu enamorada sombra, siempre te induce a hacer las mismas locuras”.